3 vinos mendocinos que hay que probar

Tres elegidos para degustar las tres tendencias que pisan fuerte en los terruños del vino. Porque salen de lo común. Porque provienen de nuevas regiones vitivinícolas. Porque respetan a la naturaleza y sus ciclos.   

El mundo del vino es infinito y la oferta es cada vez más extensa. Cada año, enólogos, bodegueros y consumidores evolucionan, multiplicando botellas, propuestas y deseos. Aquí, las 3 tendencias que marcan la renovación de la escena y qué vino tomar para acercarse a cada una de ellas.

Foto de la web de PIPA.png

El momento de los blends

Para explicarlo en criollo, los blends son vinos producidos con dos o más tipos de uvas. A diferencia de un varietal, que es elaborado a partir de una sola cepa mayoritaria con el objeto de resaltar el carácter de la uva protagonista, los blends provienen de una combinación. En esta composición, el winemaker tiene mayor libertad para expresarse y transmitir su estilo.

Un blend también pueden ser de la misma uva de distintas añadas y viñedos. Todo un trabajo de imaginación y diseño para ensamblar viñas, cosechas, barricas.

Apertura

Como en el amor, las uvas que mejor funcionan juntas son las que se complementan. Una pareja clásica argentina que va muy bien es malbec+cabernet sauvignon. El malbec gana elegancia con el cabernet (más complejo y estructurado), un dúo dinámico que se acentúa con toques de bonarda y cabernet franc en Milamore Blend.

El vino de la Bodega Renacer está hecho con una técnica de apassimento que consiste en la deshidratación de la uva sin ayuda de plantas de secado. Este método se remonta a los antiguos romanos, que lo utilizaban para producir un vino a partir de uvas semi-secas en las colinas del actual territorio veronés. Milamore es un mendocino con aires alpinos y una crianza en roble francés de 12 meses que ahora con BevyBar podés difrutar en cualquier parte de Argentina.

Los vinos de corte, como también se llama a los blends, no son una novedad, y si bien existen desde el mismo inicio de la vitivinicultura hoy están en su apogeo. Luego de limpiar su imagen (en nuestro país, por mucho tiempo, se asoció la calidad al vino mono-varietal de uvas añejas y largo paso por madera), muchas bodegas prestigiosas apuestan por estos vinos, generalmente jóvenes, amigables y fáciles de tomar. El nuevo estilo buscado por el consumidor.

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Altamira, la zona en boca de todos

Existe un rincón al pie de la Cordillera de Los Andes, en el extremo Sur del Valle de Uco, en Mendoza, que se está haciendo la fama de dar vinos mágicos. Dicen que este lugar fue llamado Altamira porque era un sitio alto, perfecto para el avistaje de pájaros. Durante los últimos años, se transformó en el terroir argentino del que todos hablan… tal vez porque hace muchísimo tiempo fue regado con sedimentos marinos que el río Tunuyán se ocupó de esparcir.

Aquí se cultiva la vid desde hace cien años, pero hasta hace muy poco se desconocían las causas específicas de la distinción de sus frutos. Gracias a una investigación del terruño, que cruzó mapeo de suelos con información geológica e imágenes satelitales, se corroboró su unicidad. Parece que la altura y la combinación de clima fresco de montaña con suelos pedregosos y carbonatados, son las tres claves de su éxito. Y la cuarta es un consumidor curioso, con ganas de probar sus tintos, de gran frescura y una textura de tiza.

Considerada hasta 2013 una sub zona de la región La Consulta (San Carlos), hoy cuenta con Indicación geográfica propia: Paraje Altamira, un reconocimiento oficial de sus características únicas para el cultivo de la vid y la producción de vinos de alta gama.

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Para comprender los buenos genes de los vinos de Altamira, hay que probar Traslapiedra, el proyecto de cinco amigos que se juntaron para hacer vinos de este “desierto marino”, una contradicción que inundó de piedras blancas el suelo y de personalidad sus botellas. Su tinto de Paraje Altamira 2015 (se consigue BevyBar) es un blend de cuatro cepas –malbec, cabernet sauvignon, merlot y pinot noir– de cosecha manual y crianza durante 12 meses en huevos de hormigón y barricas francesas usadas.

Los chicos de Traslapiedra forman parte de PIPA, la organización de Productores Independientes de Paraje Altamira, asociados para la construcción de un estilo representativo de la región. Entienden el vino como el producto de un lugar y una historia. Cada etiqueta como la interpretación personal del ecosistema. Cada copa como un viaje a las montañas.

Pink is the new black 

No sólo los argentinos toman cada vez más vino rosado. La cosa también cambió en España, que antes lo exportaba pero casi no lo consumía. Rotulados durante muchos años como una especie inferior, hace una década comenzó el redescubrimiento mundial y su revalorización: los rosados pueden alcanzar altos niveles de calidad. El nuestro ha mejorado notoriamente, logrando vinos secos sin azúcar residual, con cuerpo, cierta complejidad y menos alcohol.

¿Por qué triunfa? Porque es versátil, buen compañero de variadas situaciones y sabores. Es perfecto como aperitivo, y por eso puede ser un afterwork. También marida con una comida ligera o contundente. Juega sólo y acompañado. 

Es ideal consumirlos entre 8 y 12 °C (hay que llevarlo a la mesa dentro de una frapera para que no pierda su temperatura), por eso su temporada alta es la primavera, cuando se incrementa su consumo. Para que sepas cómo elegir a uno bueno te contamos…¿qué hay que mirarle a un rosado? El color, este punto que siempre es un atractivo para apreciar, adquiere una importancia fundamental en los rosados, que también son algo brillantes y trasparentes, con ese flair de distinción. Ese es su estilo. Carácter frutal, marcada frescura y una cuota justa de acidez.

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La mayoría de los rosados argentinos se elaboran a partir del malbec. También hay rosados de syrah, de pinot noir y algunos blends. En nuestro país y varios otros, algunas bodegas se están lanzando a producirlos, todavía de forma moderada y no en grandes cantidades. La nueva era de los vinos rosé trae “rosados en serio”, es decir vinos que tienen estructura y que pueden ser una alternativa al blanco y al tinto. Así es Hey Rosé de Riccitelli Wines. A la nariz se presenta muy frutal, dando paso a un vino sencillo pero interesante en boca.

Matías Riccitelli ya había triunfado con Hey Malbec –un vino rebelde que con su etiqueta de comic tiró abajo la estética establecida para la gran cepa argentina. En su bodega de Vistalba, Luján de Cuyo, los antiquísimos viñedos se cultivan de una manera tradicional y se cosechan a mano para obtener uvas de alta calidad. Uno de los enólogos más prometedores de la nueva generación de winemakers se animó con un rosado que trae las mismas intenciones: hacer grandes vinos dinámicos, que expresan todo el potencial del terroir y de su autor.

Como no son vinos de guarda, te lo pedís a BevyBar y te lo tomás (son perfectos para beber en cuanto salen al mercado). El Vino rosé viene con la V de Vendetta, pidiendo una revancha para demostrar sus encantos. Actualizó su imagen, aumentó su calidad y avanza sin complejos de inferioridad.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Alfredo dice:

    Muy buen articulo equilibrado justo casi virtud teologal¡¡¡¡¡¡¡ adelante

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  2. Alfredo dice:

    Muy buen articulo justo equilibrado casi virtud teologal

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